Por qué Chile no existe

Originalmente mi columna, “Por qué Chile no existe”, fue publicada el 8 de Octubre en Cambio 21.

Posteriormente, el día 11 de Octubre, también fue pblicada (con una nueva introducción) por el medio “El Mostrador” en la sección “Posteos al Día”.

Pueden acceder a esa versión pinchando aquí: El Mostrador.

Esencialmente, mi arguemnto es que los que vivimos en este país vemos todos los días cómo el nivel de agresividad y violencia parece aumentar día a día. Nos enojamos facilmente y reclamamos de mala manera cuando exigimos que se nos respete algún derecho. Pareciera que siempre andamos a la defensiva. Sentimos que los demás no están allí para ayudarnos sino que están allí para impedir que logremos lo que buscamos.

¿Por qué ocurre esto? ¿A qué se debe? En esencia, esta sensación de indefensión que permea nuestras vidas en Chile no sólo se debe a que nos sentimos solos sino a que realmente estamos solos.

La individualidad extrema y la filosofía atomista son el gran legado de los Chicago Boys. Pinochet ya no está. Pero el legado violento del individualismo sigue presente en el Chile de hoy. Por eso no tenemos educación pública gratuita y de calidad. Por eso no existe un sistema público de pesniones. Por eso existe la salud privada donde cada familia se hace responsable de proveer salud para sus seres queridos. Porque efectivamente estamos solos. Vivimos inseguros y la inseguridad siempre genera agresividad.

No hemos creado una comunidad. No hemos creado un verdadero país. Sólo hemos creado una frágil asociación de individuos.

Pueden leer la columna en Cambio 21 pinchando aquí.

O aquí mismo a continuación:

Hemos escuchado, en varias oportunidades, como en Chile tenemos la suerte de no estar sufriendo las consecuencias de la crisis económica y social que se vive actualmente en Europa.

Es cierto, “esa” crisis no se vive. Pero se vive (y se ha vivido) otra crisis mucho más profunda, estructural y a la vez menos evidente. Más profunda porque afecta nuestro sentido de pertenencia. Más estructural porque tiene el poder de afectar las bases del actual sistema económico. Y menos evidente porque, primero, es difícil reconocer la existencia de esta crisis y, segundo, una vez reconocida esta crisis es difícil saber a quién culpar.

En, en cambio, Europa se sabe quién es el culpable. Se sabe a quién reclamar y a quién exigirle que cumpla con sus obligaciones. Es el Estado. Es el país en su conjunto el que se hace (y se ha hecho) responsable por el bienestar de sus ciudadanos y es, por lo tanto, el país (a través del Estado) el que debe responder cuando sus ciudadanos sienten vulnerados dichos derechos.

Pero en Chile Pinochet y los Chicago Boys terminaron con el concepto de país. Lo hicieron atomizándonos. Nos dividieron. Rompieron los lazos y las conexiones sociales endosando las responsabilidades de nuestro bienestar en nosotros y sólo en nosotros. El país se desentendió, se lavó las manos. Usted se desentendió de su vecino y a mí me obligaron a desentenderme del mió. Ahora cada uno vela por su propia salud. Cada uno se preocupa de su propia jubilación. Cada uno verá si puede o no puede darle una educación digna a sus hijos.

Por eso, mientras que en Europa los gobiernos recortan los aportes públicos en salud, en Chile la salud es un tema individual, personal y privado; mientras en Europa se recorta el gasto público en educación, en Chile la educación es también un tema individual, personal y privado; y mientras en Europa se hacen recortes a las pensiones de los ciudadanos, en Chile cada uno se preocupa de sus propias pensiones. Por eso, francamente, aquí no hay nada que recortar. No es la función del Estado entregar esos servicios. Es, dice la historia oficial, función del individuo entregarse a si mismo esos servicios.

Entonces aunque en Chile la realidad es que la gran mayoría de los chilenos no podemos proveer salud o educación de calidad a nuestros hijos, ni una jubilación digna para nosotros mismos, de todas maneras sentimos que la culpa es esencialmente nuestra. Pensamos que si sólo hubiéramos trabajado más. Si sólo hubiéramos ganado más. Si sólo hubiéramos estudiado más. El problema es que, para la gran mayoría, por mucho que trabajemos, nunca tendremos suficiente para tener acceso a educación, salud y jubilaciones dignas. Con uno o dos sueldos mínimos, es francamente imposible. Pero el sistema impuesto a sangre y fuego por la dictadura de Pinochet nos tiene convencidos que las responsabilidades, y por lo tanto las culpas, son siempre personales. Como si fuéramos ermitaños, viviendo aislados los unos de los otros. Como si fuéramos átomos auto-suficientes, cada uno viviendo en su propia isla.

Como chilenos no hemos construido un país. No hemos construido una comunidad solidaria donde cada chileno sienta que pertenece a esta sociedad, donde sintamos que nos necesitan y que de presentarse el caso, el resto de los chilenos va estar allí para ayudarnos. Chile no existe. Lo que existe son individuos chilenos que el 18 nos juntamos a bailar cueca, que nos pintamos la cara de rojo cuando juega la selección y que aportamos a la Teletón una vez al año. Lo que existe son individuos que nos relacionamos, no porque queramos o porque relacionarnos constituya un aspecto fundamental de lo que significa vivir en este país. Como T. Hobbes y J. Locke ya nos dijeron, si vivimos en sociedad es sólo porque a veces nos conviene; porque peor sería vivir sin leyes, sin gobernantes y sin un país (o sin la ilusión de “país”). En Chile, nosotros nos relacionamos porque no tenemos otra opción.

No existe un país que esté detrás de nosotros. No nos sentimos apoyados o respaldados por el resto de la sociedad por lo que nos sentimos indefensos ante las inclemencias del sistema económico. Cada uno debe velar por si mismo. Si el día de mañana nos quedamos sin trabajo (los que tenemos la fortuna de tener trabajo), ¿quién va educar nuestros hijos? ¿Quién va cuidar de nuestros hijos cuando estos se enfermen? ¿Quién nos va ayudar a vivir una jubilación digna? Pues nadie. Si usted tiene la buena fortuna de tener una familia con recursos, entonces su familia podrá ser su salvación. Para el resto de nosotros, nos quedamos sin salud, sin jubilación y sin educación de calidad para nuestros hijos. Por eso, Chile no existe.

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