Sí, todo lucro es malo–moralmente malo.

El lucro, concepto muy utilizado últimamente, es moralmente malo. Hoy día, en Chile, el lucro está siendo cuestionado sólo en ciertos sectores de la sociedad; principalmente en las áreas de educación y salud. Pero mi argumento es que el lucro es esencial y metafísicamente malo siempre. Dado que la maldad admite grados (hay cosas más malas que otras), hay situaciones dónde el lucro es menos malo que en otros. Por ejemplo, el artesano independiente que trabajo solo y que necesita vender el producto de su trabajo para obtener dinero, también lucra; pero su lucro es fundamentalmente distinto al que lucra con el trabajo de otros (explotación) o con los servicios sociales que esenciales para la vida humana (salud, educación). Es distinto porque el lucro del artesano se limita a una instancia muy definida y limitada (el momento de la transacción monetaria). No es permanente ni atenta de manera fundamental contra la digindad humana.

Debido a que el lucro es el motor del Capitalismo, la única conclusión que se puede sacar es que si el lucro es inmoral entonces el capitalismo también lo es. De esto se desprende también que si el lucro es el motor del sistema económico, entonces no se puede terminar con el lucro sin terminar con todo el sistema. Es decir, ponerle límites al lucro (por ejemplo prohibir el lucro en la educación) equivale a ponerle un parche a un problema que es global.

Los parches no sirven ya que la “voluntad por el lucro” va continuar existiendo como el ethos constituyente del sistema.

Pueden leer la columna en “Cambio 21” pinchando aquí.

O la pueden leer a continuación:

El Capitalismo tiene ciertas carencias y contradicciones que están insertos en la lógica misma del sistema. Es decir, el sistema convive con ciertas contradicciones que no puede superar sin superarse a si mismo.

Una de estas contradicciones es el lucro. Esta contradicción no es menor ya que la “voluntad por el lucro” es el motor del capitalismo. Su importancia y relevancia es tal que sus defensores no se cansan de repetir que el lucro es el motor de la innovación, la creatividad y del crecimiento económico. Hay algo de cierto, y muy perverso, en esas afirmaciones.

Veamos: es cierto, dada la realidad del actual sistema económico que nos rige, que el lucro es el “motor” del crecimiento, crecimiento que se basa en la acumulación de riqueza. Por eso mientras más riqueza haya en Chile, mayor va ser el ingreso per cápita independientemente de si esa riqueza se la lleva en gran parte una pequeña minoría del país. También es cierto, nuevamente dada esta realidad, que muchas personas sólo innovan o les interesa “crear” en la medida que dichas actividades impliquen algún retorno monetario. Y mientras más alto el retorno, más ganas y energías se invierten en esos procesos creativos. Excepciones, por supuesto, las hay. Hay muchas personas que crean, inventan e innovan y trabajan sin ánimo de lucrar. Lo hacen porque crear, inventar, innovar y trabajar es vivir. Pero ellos, lamentablemente, no son considerados como aportes al crecimiento económico del país y por lo tanto no son tomados en cuenta por los indicadores económicos del país.

Lo más pertinente que se puede decir para describir esta situación es que si a usted le motiva la creatividad, el arte, el trabajo, la educación y la salud sólo en la medida que pueda extraerle alguna utilidad (el lucro), eso no hace más que revelar sus valores como ser humano. Es usted, por lo tanto, el que necesita darse el tiempo de examinar su vida y cuestionar sus principios.

Pero en definitiva, ¿qué tiene de malo el lucro? El lucro es malo por una razón fundamental: para lucrar (en lo que sea) es necesario e indispensable ver a las personas como medios, como herramientas. Es decir, las personas somos utilizados para lograr otros fines mayores (retornos sobre la inversión). Usted, como un ser que se merece el más profundo respeto en virtud de la dignidad inherente que posee, es pasado a llevar en esa dignidad. Como objetos y como herramientas que a los ojos del sistema somos, nosotros nos hemos convertido en objetos desechables y fácilmente remplazables.

Esta forma de ver a las personas ha sido rechazada no sólo por los más grandes pensadores sino que por todas las grandes religiones y las teorías éticas más importantes. Y sin embargo el sistema económico necesita vernos como herramientas, requiere tratarnos como medios para aumentar las ganancias. No somos más que el vehículo que el sistema utiliza para crear y aumentar la riqueza. A eso hemos sido reducidos, a vehículos.

Pero hay también otra razón por la que el lucro es malo y es la que tiene que ver con la contradicción que mencioné al principio de esta columna. Para entender este punto, hay que recordar que sin nosotros, homo consumericus, no habría lucro. Esto se debe a que el lucro se obtiene, en gran medida, bajando sueldos, coludiéndose para cobrar más, eliminando las protecciones laborales y sociales y recortando la mayor cantidad de los llamados “beneficios” que entregan los Estados y algunas empresas. Es por eso que las grandes empresas se van de los países más desarrollados (donde existen mayores regulaciones y los sueldos y beneficios laborales son mayores) y se vienen a países como el nuestro (donde existen menos regulaciones y los sueldos y beneficios son menores). Es porque aquí pueden lucrar más que allá. Ahora esta insaciable búsqueda del lucro está llevando esas mismas empresas a instalarse en países donde los sueldos son más bajos aún (piensen en China, Indonesia, India). Pero, ¿qué va pasar cuándo estos países aumenten los sueldos mínimos, las protecciones sociales y los beneficios laborales? ¿Podrán siquiera hacerlo? Y si lo hacen, ¿entonces de dónde saldrá el lucro? ¿Qué otros beneficios se pueden recortar? ¿Qué más se puede privatizar? En Estados Unidos ya se han prácticamente privatizado las guerras (existen más soldados privados en Irak que soldados del ejercito estadunidense). Parece que el próximo paso es privatizar y lucrar con los servicios policiales y el sistema judicial (proceso que, por lo demás, ya ha comenzado con las cárceles concesionadas)

Lo cierto es que, dado que el lucro es el motor del crecimiento, ponerle límite al lucro equivale a eliminar el crecimiento. Y ponerle límite al crecimiento equivale a ponerle freno a todo el sistema. Es decir, sin crecimiento el sistema no funciona. Y si el sistema no funciona, hay que remplazarlo. Es por eso que los que más provecho la han sacado al capitalismo se oponen a los frenos y las regulaciones. Necesitan que haya lucro para que haya crecimiento y para que a su vez se cree la impresión que el sistema “funciona”.

Por eso las riendas y los frenos que se le pongan al lucro por medio de diversas regulaciones no sirven. Son parches. Suena muy bien, por ejemplo, prohibir el lucro en la educación. Pero para el privado que vive y se mueve dentro de un sistema que incentiva, premia y necesita del lucro para sobrevivir, es de una ingenuidad enorme pedirle que invierta su dinero pero que abstenga de lucrar. ¿Cómo va ser posible eso? ¿Acaso es “racional” (dada la lógica del sistema) invertir recursos en un empresa y no esperar retornos? Lo cierto es que la filantropía no es sólo es una excepción (más aún en Chile), sino que en última instancia es sólo un forma de expiar los pecados cometidos durante el proceso de acumulación de la riqueza.

El problema, por lo tanto, no es el lucro en sí, sino el sistema completo que depende y necesita del lucro. No podemos terminar con la “voluntad por el lucro” sin terminar con el sistema.

Por eso, si usted quiere terminar con el lucro en la educación, la salud y las pensiones, no lo va hacer instaurando una u otra regulación. La única manera de terminar con el lucro es terminando con el sistema. Ya no basta con cuestionar tal o cuál aspecto del sistema. Es hora de cuestionar el sistema en su totalidad. No a los partidos y candidatos que estén por mantener las bases de este sistema ya que mientras usted vote por ellos, estará votando por el lucro.

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