Libor, La Polar y porqué estos estafadores no son “antisociales”.

Hoy apareció mi columna en “Cambio 21” y en “El Quinto Poder”. En esta oportunidad hablo de la relación que existe entre los valores sociales predominantes (el lucro, maximizar las utilidades) y los individuos que han violado leyes al coludirse para estafar a los ciudadanos. Lo más reciente a nivel internacional es lo que ha pasado con los grandes bancos en Inglaterra, los que se han puesto de acuerdo para fijar la tasa Libor. Y aquí en Chile tenemos el tema del lucro en la educación.

Los casos son numerosos y la lista podría ser muy larga. Todos los días vemos como ciertos individuos aparentemente se “apartan del camino” y cometen fraudes o se exceden en sus atribuciones.

¿Qué clase de lectura es esta? Es una lectura demasiado básica que no logra capturar la esencia del problema. Lo que está ocurriendo en el sistema financiero global es mucho más serio. Ya no estamos en presencia de algunas personas que se han “apartado del camino” sino muy al contrario. El” camino” es un camino que lleva al fraude y las colusiones. Son justamente aquellos que no se han apartado del camino los que inevitablemente cometen las “ilegalidades” que ahora se están investigando en el mundo.

Dado que esta sociedad está basada sobre la idea de siempre maximizar utilidades y de lucrar con todo lo posible, ¿qué podemos esperar de las personas que efectivamente lucran con todo y siempre maximizan las utilidades? ¿De qué son culpables en realidad? De lo único que se les puede culpar es de ser fiel a los principios más fundamentales de nuestra sociedad.

Por eso, estas personas no son antisociales. Ellos reflejan los valores sociales. Y eso es lo más preocupante de todo. Qué aquellos que lucren con nuestras vidas y que no dudan en estafarnos cuando puedan, sólo lo hacen porque esos son los valores que definen nuestra sociedad.

Qué duda cabe ahora. Hay que cambiar estos valores y la única manera de hacerlo es cambiando el sistema.

Les recomiendo esta columna de Naomi Wolf en “The Guardian” donde ella dice que los fraudes que se están produciendo se deben a fallas estructurales en el sistema y no a conductas aisladas de ciertos individuos. Lean la columna de Naomí Wolf pinchando aquí.

Pueden leer mi columna en “Cambio 21” pinchando aquí.

También lo pueden leer aquí en “El Quinto Poder”.

Lo pueden leer aquí a continuación:

Hemos visto dos fenómenos muy reveladores en este último tiempo. Primero, como han ido apareciendo más y más casos de “corrupción”, colusiones y fraudes dentro del sistema financiero. A nivel nacional fue La Polar, la colusión de las farmacias y el lucro en la educación. Y a nivel internacional fue, entre otros, Goldman Sachs y ahora el “escandalo” con la tasa Libor. El segundo fenómeno revelador es ver cómo los medios tradicionales muestran una reticencia generalizada a catalogar a aquellos que cometen estos fraudes como “antisociales”.

En relación al aparente aumento en los casos de fraudes financieros la primera tentación es preguntar ¿qué esta pasando? ¿Por qué ahora en el último tiempo se están “descubriendo” tantos escándalos financieros? Sin embargo, estas preguntas, aunque necesarias, no apuntan al fondo del problema. Las interrogantes debieran ir en otra dirección. La respuesta que debiéramos buscar tendría que responder a una pregunta más fundamental. Lo que queremos saber es si es “dentro” del sistema que se están produciendo estos escándalos/perversiones o es el sistema completo el que es escandaloso/ pervertido. Es más, ¿quiénes son estos individuos que han cometido estos “fraudes”? En una reveladora columna recientemente escrita por Naomi Wolf en “The Guardian” ella expone, muy hábilmente, como la idea de que estos individuos representan sólo casos aislados dentro del sistema es una idea descabellada. Los casos de fraude en el sistema financiero se están multiplicando y no queda más remedio que pensar que estos “individuos” no son unas pocas personas que se desviaron del camino sino que ellos representan al sistema financiero en su totalidad. Es decir, si ellos están corruptos es sólo porque el sistema entero es corrupto.

En relación a la segunda inquietud, (por qué existe la reticencia a catalogar a estos individuos que cometen los fraudes de “antisociales”), existe una razón fundamental y compleja que va más allá de aquellas explicaciones tradicionales que se suelen dar. Estas explicaciones tradicionales son las que apuntan a la existencia de redes de contacto que los poderosos mantienen y a la existencia de intereses entrecruzados entre los poderosos. Pero esto es insuficiente.

Lo cierto es que las razones de esta deferencia en el trato no se reducen a una supuesta solidaridad de clase o la existencia de interese entrecruzados. La verdadera razón es perversa y mucho más esencial. ¿Cuál es esta razón entonces? La razón es que estas personas, en estricto rigor, no son antisociales porque no han violado ningún valor social. Por el contrario; si han cometido algún delito es justamente porque han asumido los valores sociales dominantes en plenitud.

Dicho de otro modo, estos delincuentes de “cuello blanco” a diferencia de los delincuentes “comunes”, no atentan contra los valores de la sociedad sino que, muy por el contrario, ellos asumen estos valores y los hacen propios. En ellos vemos los valores sociales predominantes reflejados y si cometen delitos es sólo porque han llevado los valores sociales hasta sus últimas consecuencias. No se han rebelado contra esos valores sociales (como sí lo hace el “antisocial” común) sino que son consecuentes con ellos y es justamente porque han sido consecuentes con ellos que, paradójicamente, se han visto envueltos en problemas legales. Entonces mientras el ladrón de banco o el encapuchado se pone fuera del sistema, el que lucra con un bien social está dentro del sistema y lo utiliza a su favor para maximizar su riqueza. He aquí, por lo tanto, la verdadera clave para entender el trato deferencial que reciben estas personas.

¿Cuáles son esos valores sociales que el delincuente de “cuello blanco” asume como propio y que el antisocial rechaza? Los valores supremos de nuestra sociedad son el lucro y el egoísmo. Recuerden a Gordon Gekko en el film “Wall Street” (1987) cuando dijo que “no hay nada malo en la codicia”. Nuestra sociedad está construida sobre esta ética egoísta y atomista. El individuo es siempre el punto de partida y todo lo demás (incluyendo derechos, deberes y obligaciones) se desprenden de este punto. Ganar mucho dinero y maximizar utilidades se han convertido en fines en sí.

Esta es la razón por la cual los que nos estafan y los que lucran con nuestros bienes sociales no son vistos como antisociales, mientras que el ladrón de bancos y el encapuchado sí lo es. Ese delincuente es siempre un marginal, un desadaptado, un rebelde, alguien que se encuentra a los márgenes de la sociedad y sus valores. Alguien que necesita ser “rehabilitado” para aceptar y hacer suyos los valores dominantes de nuestra sociedad. A la usanza de lo que suele ocurrir en los filmes del género Western, el “Outlaw” suele ser visto como un romántico, un ser libre que no está sujeto a los valores predominantes en la sociedad (piensen en Bonnie y Clyde, El Padrino, Caracortada y el forajido Jesse James, entre muchos más. La lista podría ser larguísima).

Entonces es por todo esto que aquellos que, por ejemplo, lucran con la educación (y que lucrarían con cualquier cosa) o que manipulan las tasa de interés (Libor) no son en estricto sentido antisociales. No se han rebelado contra los valores sociales. Muy por el contrario. Cometen delitos porque abrazan los valores sociales con tal intensidad que siempre van a buscar maximizar sus utilidades en todos los ámbitos posibles ya que eso es justamente lo que esta sociedad considera como valioso.

Por eso aunque la actual crisis global fue provocada en gran medida por especuladores que utilizaron el sistema financiero para engañar y estafar a gobiernos y personas con la finalidad de hacerse más ricos, la gran mayoría de ellos no ha visto un solo día de cárcel. Y ahora que en Chile se está instalando el tema del lucro en la educación superior donde vemos como los grupos de poder en Chile entraron al mundo de la educación con el propósito de obtener ganancias monetarias (siendo el cultivo del intelecto y la formación de valores un simple medio para aumentar su riqueza personal) es muy probable que nunca veamos a ninguna de estas personas pasar un solo día en la cárcel.

Las redes de contacto que tienen los poderosos no es lo que impide que se les tilde de “antisociales” y que vayan a la cárcel. Lo que impide esto es el realización generalizada (pero nunca explicitado) de que los que lucran y estafan no van en contra de los valores sociales y por lo tanto no son realmente delincuentes (o son de una “clase” de delincuente menos peligroso que el delincuente “común”). Los que lucran con nuestra salud y nuestra educación no han hecho más que asumir los valores sociales predominantes y llevarlos hasta las últimas consecuencias aunque esto haya significado que en el camino hayan tenido que romper una que otra ley.

Esto sirve para demostrar que, tal como afirmara Karl Marx, son siempre las condiciones materiales las que determinan nuestra conciencia. Es decir, si el sistema en su conjunto se sustenta sobre valores pervertidos y los seres humanos se mueven dentro de ese sistema es de esperar que dichas personas hagan suyos esos valores pervertidos. Entonces los culpables, en el sentido más fundamental, no son los individuos que han cometido estos fraudes sino que es el sistema en su totalidad el que es un fraude.

Es, pocas dudas debieran haber, tiempo de cambiar los valores que predominan en nuestra sociedad. Y la única manera de hacer esto es cambiando el sistema en sí. Esto lo podemos lograr saliendo a protestar a la calle (como los estudiantes en Chile o los Indignados en España) y también nunca más votando por gente de derecha o gente que apoye los valores del neo-liberalismo y que hagan del capital un valor.

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