En defensa del derecho de los homosexuales al matrimonio

Este es mi artículo en defensa del matrimonio homosexual aparecido el 26 de Septiembre, 2010 en el diario “El Día” de la IV región. Para los que prefieren leer la version digital, el link es (quinta pagina):

http://papeldigital.eldia.la/index.php?option=com_flippingbook&book_id=852&Itemid=1 

           La confusión, los desencuentros y la falta de acuerdos que se producen en torno a la idea del matrimonio homosexual se debe exclusivamente a que las respectivas posiciones (a favor o en contra) conceptualizan el matrimonio de maneras distintas. En la medida que se mantengan esas diferencias no habrá consenso posible entre las partes. Por esto, y para ayudar a despejar el panorama, siempre es conveniente partir del principio. En ese sentido antes de tomar una posición respecto del matrimonio homosexual per se, hay que entender lo que es el matrimonio en sí, puesto que el matrimonio homosexual no es mas que es una instanciación—entre otras posibles—del concepto de “matrimonio”.

            Lo primero que es importante recordar es que todos los conceptos sociales han cambiado a través del tiempo. Eso es parte y condición “sine qua non” del progreso humano. Lo que para muchos es hoy evidente, antes no lo era. Hay casos emblemáticos que sirven para ilustrar como los conceptos sociales cambian via el debate y siempre muy a pesar de la resistencia conservadora. Sin ir muy lejos, las ideas de “ser humano” y “persona” tenían, hasta hace poco, definiciones muy distintas a las de ahora. Eran definiciones restrictivas, elitistas y discriminadoras que siempre dejaban al margen a ciertos grupos de seres humanos. Por ejemplo, esclavos y mujeres en su tiempo no eran considerados seres humanos y menos personas. Hoy nos parece “aberrante” excluir a cualquier grupo de personas de la comunidad humana.

            Ya que muchos consideran que el matrimonio es la base de la familia, la idea del matrimonio homosexual nos obliga también a debatir el concepto de familia—concepto que no es metafísico sino esencialmente social. Es por esto que, por mucho que a algunos no les guste, hoy en día hay familias legitimas con un solo padre, familias que son encabezadas por abuelos o tíos e incluso podemos imaginar múltiples otros arreglos alternativos. Lo que tienen (o deben tener) en común estas familias es que en ellas predomina (o debe predominar) el amor, el apoyo, la crianza, la seguridad y el sentido de pertenencia. Esto es una familia. Se entregan valores, amor y formación. En estos ejemplos que acabamos de ver no aparece en ninguna parte el concepto de matrimonio y muchos menos aparecen el hombre y la mujer como condiciones necesarias. Lo único que aparece como necesario es que se necesita alguna estructura y algún orden que le dé forma y coherencia a la entrega de valores morales como el amor, el respeto y la tolerancia. Y esto, en el contexto de una familia, lo puede hacer igualmente bien (o mal) un padre soltero, un matrimonio heterosexual o uno homosexual. Como consecuencia, no hay ninguna razón trascendental o metafísica que justifique una concepción del matrimonio como algo exclusivamente entre un hombre y una mujer.

            Sí, como hemos visto, los conceptos sociales cambian, entonces los partidarios de mantener la actual definición del matrimonio como algo exclusivo entre un hombre y una mujer tienen la difícil tarea de convencer al resto de la sociedad de que ese concepto es de una naturaleza distinta a los otros conceptos sociales. Tienen que decirnos porqué la idea de “persona” puede cambiar, pero no la idea de matrimonio. ¿Acaso la idea de matrimonio es anterior y/o más fundamental que la idea de persona? Definitivamente no. Es el matrimonio el que necesita personas y no al revés.

            Habiendo visto todo lo anterior, el actual debate en torno al matrimonio homosexual parece un debate confuso y mal conceptualizado puesto que el sexo de los contrayentes pasa a ser absolutamente irrelevante en el marco de una discusión más fundamental y que dice relación con la entrega de valores fundamentales que trascienden la sexualidad de las personas.

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