El ocaso del pensar

Más abajo está mi artículo, “El ocaso del pensar” que apareció el 2 de Abril, 2011 en el diario “El Día”, de la IV región.

Antes de llegar al artículo mismo, quisiera hacer unos comentarios generales. La sociedad capitalista es, en su esencia, una sociedad anti-pensamiento. Me explico: pocas dudas caben que el capitalismo, como bien lo dijo Marx, ha sido la sociedad que ha producido la mayor cantidad de avances materiales y científicos en la historia humana. El desarrollo material ha sido vertiginoso. Aunque es indudable que ese desarrollo no ha alcanzado para todos, también es indudable que como especie humana hemos logrado conquistas que antes eran inimaginables (ingenierías genéticas, tecnologías satélitales, etc).

Pero uno de los lados oscuros del capitalismo es el que dice relación con la actividad del pensar. A este sistema no le interesa el pensar. Esto se debe a que todo se reduce a–entre otras coas–producción material, ventas, dinero, superávits y posesión de bienes. El lucro ha pasado a ser un valor, un bien en si mismo–el fin mismo de nuestra sociedad. Es lo que define el éxito. Pero el pensar no es un bien material. No produce superavits. No se vende. No genera dinero. No es una actividad lucrativa y por lo tanto al capitalismo no le interesa.

Dado que todos queremos una vida con mínimas condiciones materiales y que ademas en un país como Chile, todos queremos una buena salud y educación, no tenemos mas opción que usar el dinero. Y para usar dinero necesitamos trabajar en algo que nos dé dinero. Aunque esto puede sonar lógico y obvio, la verdad es que esta afirmación oculta una perversa conclusión a la que muchos no le hemos tomado el peso. Esto eso, si queremos dinero y sólo ciertas actividades dan dinero, entonces como sociedad vamos a gravitar hacia esas actividades. Y las que no dan dinero, las vamos a dejar de lado. Por lo tanto van a desparecer. Esta es la trágica conclusión. Y esta es, por lo demás, la lógica del mercado que tantos neo-liberales exaltan como una virtud. El mercado dicta que lo que no tiene demanda, no tiene valor y si no tiene valor, tiene que desaparecer.

En concreto, entonces, lo que está ocurriendo es que el capitalismo castiga y lleva a la extinción todas aquellas actividades que no lucran, que no producen. Y en esto se incluyen disciplinas como la historia, sociología, filosofía y las artes en general. Es el ocaso del pensar. ¿Se imaginan un mundo sin historiadores? ¿Sin artistas? ¿Sin música? ¿Sin literatura? Un mundo así es un mundo difícil de imaginar. Es, francamente, un mundo  inhabitable.

Aquí corresponde un mea culpa. Todos somos culpables de fomentar la desaparición de las humanidades. Todos le quitamos el valor a esas disciplinas. Muchos, cuando conocen alguien que estudia arte o filosofía, se preguntan “¿y qué se hace con eso? ¿Para qué sirve? ¿Cómo se gana plata?” Cuando vemos que muchos artistas viven en malas condiciones materiales es natural que no queramos eso para nuestros hijos. Entonces no queremos que ellos se dediquen a las humanidades por temor a la inseguridad material que los espera. Preferimos que sean abogados, que se dediquen a la medicina  o alguna ingeniería. A cosas practicas que el mercado premia con un trabajo y un sueldo.

Si seguimos haciendo esto, va a llegar el momento en que nadie va estudiar arte, historia o filosofía. No van haber pensadores. Y un mundo sin pensadores es un mundo inhabitable. Todos perdemos.

Mas abajo está el artículo. Y aquí está el link para los que prefieren leer la versión digital:

http://papeldigital.eldia.la/index.php?option=com_flippingbook&book_id=1060&Itemid=1

            Todos tenemos que hacernos responsables de la sociedad que hemos construido y por los destinos de esta. Pero pocos tenemos el tiempo o las ganas de pensar acerca de nuestra sociedad. Como consecuencia de esta incapacidad para “pensar”, nos estamos haciendo responsables de algo que no conocemos bien, de algo que no entendemos. Esto se llama irresponsabilidad. El hacer algo sin saber lo que estamos haciendo ni cuáles van a ser las consecuencias es la definición misma de irresponsabilidad.

¿Quiénes son los irresponsables? Todos. Todos los que vivimos en esta sociedad. Pero algunos tienen mas responsabilidad que otros. En este caso, los que tienen el poder político y económico, es decir los que dirigen los destinos de un país, son los mayores irresponsables. Ellos han decidido—muy conscientemente—premiar ciertas actitudes existenciales y castigar otras. En concreto, han decidido castigar el pensar y premiar la producción de bienes. Nos han convencido que lo único valioso es siempre crecer mas, competir a cualquier precio, e ir mas rápido hacia adelante—siempre hacia adelante. Nos han convencido que no hay tiempo para detenerse, para mirar al lado (qué estamos haciendo) y menos para mirar hacia atrás (qué hemos hecho, cómo hemos llegado aquí). A los que tienen el poder económico no les conviene que nos detengamos a pensar.

¿Qué han hecho para hacernos creer que el pensar es superfluo? Nos han planteado una dicotomía. Por un lado, si nos dedicamos a producir, nos contratan. Tendremos un empleo, un sueldo y cierta tranquilidad material. Por otro lado, si nos dedicamos a las humanidades, no tendremos empleo porque no han creado empleos para pensadores. Y por lo tanto, no tendremos sueldo, ni tranquilidad material.

Es a esta dicotomía que miles de jóvenes y familias tienen que enfrentarse. ¿Qué hacer? ¿Cómo culpar a los padres que orientan a sus hijos para que se dediquen a las ingenierías o las tecnologías? Difícil culparlos. El dinero es esencial para vivir. Sin él la vida es, parafraseando a Hobbes, “pobre, tosca y corta”. ¿Y quién quiere tener una vida así? Me atrevo a afirmar que nadie.

Miles de jóvenes ahora ven que el pensar no tiene futuro, no es valorado ni respetado. Por lo tanto son miles de jóvenes que, cuando lleguen a adultos, no van a dedicarse al pensar. Y como consecuencia de esto va llegar el momento en que—en medio de nuestra abundancia material—nos vamos a encontrar con que no hay pensadores. En ese momento nos vamos a dar cuenta que vivir en un mundo sin historiadores, sociólogos, filósofos o artistas es vivir en un mundo que no entendemos, que nos es extraño, desconocido y ajeno. Es decir, nuestro mundo dejará de ser “nuestro”. Y así como nadie quiere vivir sin ciertas comodidades mínimas, pregunto: ¿quién quiere vivir en un mundo que le es extraño, desconocido y ajeno?

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