La igualdad en Chile

Escribí una nueva columna dedicada al concepto de la igualdad y exploro qué es lo que pedimos para Chile cuando pedimos más igualdad. Esencialmente mi argumento es que cuando los chilenos pedimos más igualdad, estamos pidiendo algo tan básico y, me atrevo a decir, tan obvio como el derecho a poder vivir en un mismo país. Esto hoy en día no sucede.

Esta columna salió publicada en Cambio 21. Lo pueden leer pinchando aquí.

También en el Quinto Poder. Lo pueden leer pinchando aquí.

Por último, también salió en El Ariqueño. Lo pueden leer pinchando aquí.

A continuación, reproduzco la columna en plenitud:

Ahora que la idea de “igualdad” está nuevamente circulando con fuerza en Chile, conviene detenerse unos instantes para precisar qué es lo que queremos decir cuando hablamos de una sociedad más “igual”.

El concepto de “igualdad” tiene aristas tan distintas que analizarlas una por una no viene al caso. Metafísica y éticamente, por ejemplo, no cabe duda que todos los seres humanos somos iguales. Esto no está en discusión. Entonces, y para ser concretos, dado el actual contexto social e histórico, cuando los chilenos pedimos “igualdad”, lo que estamos pidiendo, fundamentalmente, es el derecho a vivir en un mismo país. Así de sencillo. Para dejar esta idea lo más claro posible: lo que los chilenos queremos cuando pedimos igualdad es que todos podamos vivir en un mismo país.

Esta exigencia, que puede parecer un tanto obvia, se hace urgente porque hoy no todos los que habitamos este territorio vivimos en el mismo país. Y no por la razón evidente de que algunos son ricos y otros son pobres. No todos vivimos en el mismo país porque, de manera explícita y radical, ocurre que los chilenos vivimos realidades sociales, históricas, económicas  y espirituales diametralmente distintas. Para todos aquellos a quienes les incomoda la idea de la “igualdad”, háganse las siguientes preguntas: ¿Qué nos une como chilenos? ¿En virtud de qué formamos parte de una misma “chilenidad”? ¿Por el “18”? ¿Por la selección nacional de fútbol?

Aparte de compartir el mismo cielo, las mismas lluvias y los mismos temblores, lo triste es que los habitantes de esta larga faja de tierra no compartimos la misma realidad. Nos compartimos los mismos colegios. No compartimos las mismas clínicas u hospitales. No compartimos el acceso a los mismos servicios sociales ni compartimos la calidad de estos. Tampoco compartimos las mismas posibilidades de vida. No estamos sujetos de la misma manera a las leyes. Tampoco compartimos, y esto es lo más lamentable, el acceso a los mismos derechos.

Estas son las realidades radicalmente opuestas que hoy existen. Es a partir de este hecho que surge el clamor por más igualdad que hoy los chilenos exigimos. No se trata que todos compartamos todo de manera exactamente igual (esta es la típica falacia de la pendiente resbaladiza que los que se oponen a la “igualdad” siempre emplean). De lo que se trata es de construir un piso. Un piso común, compartido por todos los chilenos. En definitiva, queremos construir un país. Queremos construir una comunidad dónde todos los miembros sintamos que compartimos y formamos parte de una vasta red de individuos conectados los unos con los otros, solidarios y preocupados por el bienestar del otro. Que todos tengamos acceso a la misma salud y educación de calidad. Que todos enfrentemos y solucionemos los problemas y las deficiencias que puedan ocurrir en nuestro país. Que todos estemos en el mismo bote. Esa es la igualdad que hoy exigimos. Queremos construir Chile, donde no hay Chile (en otro columna me refiero a este mismo problema y explico por qué hoy Chile no existe).

Básico en esta aspiración por construir un país, es el que todos accedamos a los mismos hospitales y los mismos colegios. Sin embargo, esta idea tan evidente y éticamente fuerte, se encuentra una y otra vez con resistencias. Pero, ¿a quién le ofende esta idea? ¿A quién le molesta tanto? ¿Quiénes se oponen? Aunque se escudan detrás de argumentos técnicos, lo cierto es que aquellos que más se oponen son los que viven en otro país y que buscan proteger sus privilegios. Aquellos que viven en un país donde los privilegios de cuna, las redes de contacto y el dinero son los factores que determinan el acceso a bienes sociales como salud y educación.

Eso, ya no lo queremos. Ahora queremos un solo país. Y eso es precisamente lo que pedimos cuando exigimos igualdad: un país para todos los chilenos.

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