Ninguno de ellos ha escrito el libro más hermoso. Por eso, no basta una reforma tributaria. Se necesita una “revolución” tributaria.

Hoy apareció mi columna en “Cambio 21” donde hablo de la pésima y poco ética distribución de la riqueza en Chile. En estos días el gobierno del Presidente Piñera ha presentado un proyecto de reforma tributaria, lo que ha generado mucho debate. Algunos creen que una reforma es innecesaria. Otros creen que esta reforma es tímida.

Lo que you digo es que las necesidades en Chile son tan grandes y hay un grupo pequeño de chilenos que tienen tanta riqueza acumulada, que más que “reforma” se necesita una verdadera “revolución” en la cantidad de tributos que recauda el Estado chileno. Tenemos que decirles a los que tienen toda la riqueza que ha llegado la hora de volver a la sociedad lo que nos pertenece.

Es poco ético que en un país tan pobre como el nuestro haya gente que aparezca en la revista Forbes de los más ricos del mundo. Indignante. Chile puede tener educación gratuita. Chile puede tener una salud de calidad mundial. Chile puede ser un país solidario, justo, progresista y desarrollado.

Pueden leer la columna en “Cambio 21” haciendo click en el siguiente link:

Leer Columna en Cambio 21

O lo pueden leer a continuación:

En Chile existe mucha gente con buenas ideas y mejores intenciones. Con bastante frecuencia me toca leer columnas de opinión de gente inteligente, que razona muy bien y que es capaz de hacernos ver los problemas de nuestro país con más claridad. Pero los cambios sociales que necesita nuestro país no llegan. A pesar de todos los buenos argumentos que se dan y a pesar de la fuerza con que la gente se manifiesta en la calle, los cambios son lentos y muchas veces los cambios que se ofrecen son superficiales. Y esto se debe a que los ricos, los que tienen el poder económico, se resisten a esos cambios. Entonces ha llegado el momento de romper esa resistencia haciendo dos cosas: Primero, exigiéndole a los poderosos, sí, exigiéndoles que dejen de acaparar la riqueza de nuestro país. Y dos, recordándoles que la riqueza que ellos han acumulado es producto del esfuerzo social y nunca de su propio esfuerzo individual. Por lo tanto esa riqueza no les pertenece a ellos en exclusiva. Decirles todo esto este es, ahora más que nunca, un imperativo ético.

Justo ahora que el país debate los méritos de una reforma tributaria y que el gobierno ha presentado su propuesta, tenemos que hablarle directamente a los que tienen las herramientas necesarias para cambiar Chile; a los más ricos que acaparan casi el 40% de la riqueza nacional. A ellos, y cuyos representantes están hoy en el gobierno, hay que hacerles ver que si quisieran, podrían contribuir de manera significativa y decisiva a lograr un país justo, solidario y desarrollado. Y que si no lo hacen es porque, debido a la avaricia y el egoísmo, simplemente no quieren compartir la riqueza nacional. Este gobierno, que es el gobierno de ellos, los va a escuchar de una manera que al resto del pueblo no va escuchar.

Por eso propongo que en vez de dirigir nuestros argumentos al gobierno (que sólo actúa como representante de los intereses de los poderosos), ha llegado el momento de hablarle directamente a los poderosos de nuestro país. A ellos hay decirles que su riqueza es ofensiva. No puede ser que haya familias en Chile que aparezcan en la lista Forbes de los más ricos del mundo mientras el 80% de los chilenos apenas llega a fin de mes y vive sumergida en deudas. ¿Dónde están los principios éticos?  Hay que decirles que a ratos nos sentimos violentado y robado por ellos. Especialmente cada vez que escuchamos que no se pueden (o no se deben) aumentar los impuestos. Que la educación no puede ser gratuita. Que no se puede gastar más en salud. Que no se puede garantizar jubilaciones más altas y dignas. Saber que hay tanta plata en nuestro país y que dicha plata está en manos de unos pocos que se resisten a invertir en el futuro de Chile provoca indignación. Es que simplemente no puede ser. No hay justificación alguna para que una familia acumule tanta riqueza en un país con tanta pobreza. ¿Con qué cara se presentan al resto del país?

Tenemos que decirles de frente y de una vez por todas que ellos no valen tanto. Aunque se estén engañando a si mismos y crean que sí valen todos esos millones de dólares, la gran mayoría de los chilenos sabemos que no es cierto. Ninguno de ellos ha curado el cáncer; ninguno ha escrito el libro más bello de la historia; ninguno ha compuesto la sinfonía más hermosa; ninguno ha descubierto el origen del universo; ninguno ha unido a la humanidad en torno a un ideal de paz, justicia y armonía. Nada han hecho que los hagan merecedores de tantos millones de dólares. Me atrevo a venturar que un profesor de un colegio pobre y un doctor de una posta rural han hecho más por el bien del país. Alguno alzará la voz para decirnos que han creado empleos, ¿pero por cada empleo que han creado con una mano, cuánto le han robado al país con la otra? A ellos le recomiendo que lean, si tienen tiempo, el poema de Bertolt Brecht titulado “Algunas preguntas para un hombre bueno”.

Es extraño ver como aquellos que pertenecen al decil más rico (pero con mayor razón aquellos que pertenecen al 1% más poderoso del país) se escandalizan por la violencia que ejercen los encapuchados. Ven la violencia delictual en las noticias y se escandalizan por los robos de auto, por los alunizajes, por los asaltos a casas; se escandalizan por la violencia que a veces salen de los movimientos sociales (los estudiantes, Aysén).  Esta violencia (toda la violencia dirían ellos) les parece moralmente condenable. Pero el verdadero problema es que ellos se fijan sólo en la violencia ajena, en esa violencia física y pedestre. Pero nos son capaces de ver la violencia psicosocial que con su egoísmo, su prepotencia y su avaricia ellos ejercen sobre el resto del país todos los días a y cada momento.

La propuesta de reforma tributaria que acaba de presentar el gobierno es tímida y mezquina. Pero este es el gobierno de los más ricos y poderosos y por eso, si queremos cambios, tenemos que dirigirnos directamente al gran empresario nacional y al gran empresario extranjero. Si en algo logramos incomodar sus consciencias, es posible que este gobierno sienta la necesidad de actuar. Entonces tenemos que preguntarles: ¿Qué han hecho ustedes por ayudar a la justicia y la armonía social? ¿Qué han hecho ustedes por ayudar a reducir la violencia en nuestro país? Aparte de contratar guardias privados, ADT security, poner alambres de púa e instalar cámaras de seguridad, preguntamos, ¿qué han hecho ustedes por aumentar la calidad de vida de los chilenos? Ustedes, que pueden dar más por su país, ¿porqué se resisten? ¿Porqué se oponen a pagar más tributos? ¿Porqué se oponen a la redistribución? ¿Creen que toda esa riqueza es de ustedes? Si hay alguno que se cree efectivamente dueño legítimo de todo eso, entonces es deber nuestro recordarle que sin los trabajadores de este país esa riqueza no existiría. Sin el compromiso y el esfuerzo colectivo de millones de chilenos, los ricos no serían ricos.

Es por eso que una redistribución efectiva de la riqueza es un acto de justicia. Ha llegado la hora de decir no a la reforma tributaria. Y sí a una revolución tributaria.

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